R8

LOS PREELIMINARES

Julio 21st, 2009

Ha pasado ya más de un año, desde que adquirí mi clásico. Y creo que este tiempo es más que suficiente para que me haya “enfriado” del tremendo cabreo que me cogí, a la hora de INTENTAR, (y lo digo con mayúsculas porque casi no lo consigo), legalizar el coche.

El vehículo se encontraba en situación de baja definitiva, así que me informé a través de mi amigo Q (que también tiene un clásico y además no tiene nada que ver con James Bond), el cual me dirigió al departamento de Vehículos Históricos de la Universidad de Getafe. Allí me indicaron dos diferentes posibilidades de rehabilitar este tipo de vehículos: la primera consiste en rehabilitar el coche como Vehículo Histórico, con la ventaja de no pagar impuestos principalmente, y varios inconvenientes, como el no poder conservar la matrícula original (te dan una del tipo H 0000 BBB); tener que pasar una inspección de laboratorio (que vale una pasta) en la cual se dictamine todo lo referente a la construcción y características del coche; no poder circular con el vehículo más de x kilómetros anuales; no poder sustituir ni cambiar piezas del modelo por otras que no sean originales, etc. La otra posibilidad, es el rehabilitar el vehículo, como si se tratase de una simple baja temporal, es decir tal y como está.

Después de plantearme lo que en realidad quería hacer con el coche, lo que he definido como un “lobo con piel de cordero”, decidí rehabilitarlo de esta última forma, para lo cual me dirigí a una gestoría cuyas señas me facilitaron desde la propia Universidad en función de la cercanía a mi oficina de trabajo. Una vez allí, y previo pago por adelantado de una cierta cantidad de dinero (poco más que una transferencia normal), me entregaron un papelito que les hace entrega a su vez la Jefatura Provincial de Tráfico, que coloquialmente podemos entenderlo como: Bien, si usted lo que quiere es rehabilitar el vehículo, acérquese con este papel a una ITV, y que ésta me informe que el vehículo está en condiciones de circular. De paso, que tomen medidas y datos, para realizarle una nueva Tarjeta de Inspección Técnica, porque la original, en caso de tenerla, que no es lo normal, resulta escasa de información.

Ante esta lógica aplastante, (y esto si lo digo totalmente en serio), lo primero que hice fue quedar con mi amigo M (tampoco tiene nada que ver con James Bond), para cargar el coche en su grúa, y llevarlo hasta un taller de confianza cerca de casa, en donde poder hacer una revisión y puesta a punto de un R8 parado desde hace una década. Así que nos acercamos a casa de Miguelito, subimos el coche en la grúa y cogimos rumbo a casa, y cual fue mi sorpresa, cuando en la primera glorieta noto un movimiento extraño del vehículo sobre la plataforma de la grúa, seguido del encendido de los rotativos de la grúa y de la bajada de mi amigo M de ésta. Todo ello indicaba que algo no iba bien. Paro detrás, me bajo del coche, y efectivamente compruebo que el coche se ha soltado y literalmente se ha empotrado contra el tope delantero de la grúa, doblándose el frontal a primera vista. ¡Qué mala suerte!, el coche diez años parado sin un rasguño, y en un momento una golpe más serio de lo que parecía en un principio. Se sujeta de nuevo el coche, esta vez bastante mejor, y proseguimos el camino hacia el taller.

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Llegados al taller, se procede a bajar el coche de la plataforma de la grúa, y se comprueba que el golpe no sólo se ha cargado el paragolpes, sino que ha hundido el frontal, y arrugado el suelo. Mi amigo Carlos, que venía detrás nuestro, se dirigió a M, y puedo jurar que no le dijo nada bonito (el calentón del momento, ya que todavía no le había pagado yo el coche, y naturalmente él era el propietario). Una vez calmados los ánimos, tengo que decir que M no me cobró el porte, algo que le honra por su parte y que todavía no he tenido ocasión de recompensarle, pero “todo se andará”.

Así pues, me encuentro con el primer gran obstáculo para pasar la ITV, ya que al ir situados los faros sobre el frontal de chapa, el cual se ha hundido en su parte inferior, hace que los faros izquierdos apunten demasiado hacia abajo. La solución, un chapista.

Me acerco a mi chapista de confianza, Paquito (se llama Paco, pero como es muy menudito, yo le llamo Paquito), pero como siempre, está hasta arriba de trabajo y no puede dedicarse al coche. Sin embargo, me cede uno de sus chapistas, un chaval paraguayo que armado de un martillo, una maza, un par de desmontables y un taco de madera, ¡ni os podéis imaginar lo que es capaz de hacer! Claro está, que el golpe se nota, y para dejarlo perfecto hay que meter el coche en chapa y pintura, pero se trataba de un arreglo funcional, es decir: poco importa que se note un bollito aquí y otro allá, lo importante en este caso es que los faros alumbren en su sitio y poder pasar así la ITV.

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No sólo se molestó en “llevar a su sitio” el frontal y el suelo, sino también enderezó la parte frontal del paragolpes. Lo suficiente para que estuviese en su sitio, ya habrá tiempo de dedicarse a los detalles.

Una vez dado el visto bueno al estropicio del frontal, la tarea principal se tornó en realizar una mínima puesta a punto en cuanto humos, seguridad, etc. se refiere para pasar la dichosa ITV, documentar así el coche y ponerlo a mi nombre. Y digo mínima, porque una vez pasada, el coche se va a desmontar completo para sanearlo y reconstruirlo. Así se reparó el bote de intermitencia (los intermitentes no funcionaban); se encargaron nuevas placas de matrícula (porque como todos sabéis es un tema muy importante para la seguridad, es decir que las instituciones “tengan la seguridad de poder denunciar”); sangrado de frenos; batería y otras pequeñas reparaciones que no sumaron mucho dinero.

Después de esto, Víctor (el mecánico de enfrente de casa) me sugirió que como él se iba de vacaciones la siguiente semana, no fuese a la ITV hasta su vuelta, no fuera a ser….., y mientras tanto, el coche se quedaba guardado en el taller.

Ante la sugerencia de Víctor, fui a informarme de plazos y demás respecto a la Inspección Técnica sobre este tipo de vehículos en situaciones de este tipo, y es aquí donde EMPIEZA MI ODISEA.

LA BÚSQUEDA

Diciembre 5th, 2008

Desde hace unos años para acá, he enfermado debido a una epidemia que se está propagando con gran rapidez y que parece ser tiene difícil cura: “los clásicos”. He de decir, que al principio lo llevaba en secreto, no fuera a sufrir algún tipo de rechazo de la sociedad, pero según me iba encontrando con amigos y conocidos, e íbamos conversando sobre el mundo del automóvil, me di cuenta que no sólo yo era el infectado. Así que poco a poco fui comentando mi obsesión a la gente más cercana.

Curarse de una enfermedad así, es cuestión más de suerte que de dinero, pues todavía es fácil encontrar modelos en buen estado a precios razonables, y decidí, buscar un R8 TS de primera serie, es decir como aquel primero que tuve y que tantas alegrías me dio hasta el día que decidí poner a prueba las fuerzas gravitacionales.

Ante la locura de precios del TS, coche muy popular en su época, y que hoy en día supera los 10.000€, desistí, y me puse a buscar otros modelos de la época y que fueran de mi gusto, entre los que encontré R5 TS, R5 TX, R12 S, R12 TS, R5 Copa, R5 Copa Turbo, Ford Fiesta 1.3S, Ford Fiesta XR2, Volkswagen Golf GTI Mk-I, Citroen Visa GTI, Opel Kaddet 1.6 SR, etc.

De todos los que vi, fue un R5 TS rojo de un chaval de Bilbao y afincado actualmente en Islandia el que más me llamó la atención, así que después de hablar con él, y cuando reuní el dinero que pedía, volví a contactar y lo acababa de vender dos días antes. Luego vi un R12 de primera serie (estilo Gordini pero de color beige) de freno de mano a las ruedas delanteras, pero cuando contacté con el dueño, un chaval de León, lo tenía apalabrado con alguien de Guadalajara, aunque quedó conmigo en que si el comprador se echaba para atrás me llamaría. Nunca lo hizo, por lo que imagino que el coche estará en Guadalajara.

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Un R8 Racing, con motor 1.400, me embriagó profundamente, aunque un poco caro (12.500€) era perfecto, pero una coletilla en la ficha técnica que decía al final: APTO EXCLUSIVO PARA RALLYS me echó para atrás, ya que en teoría no podría llevarlo rodando a una simple concentración, ya que “si te paran los hombres de verde” (y no me refiero a extraterrestres) puedes tener problemas; y lo que está claro, es que con un coche así, tienes muchas posibilidades de que la autoridad te pare, aunque sólo sea para disfrutar más cercanamente de este tipo de vehículos. Aunque lo normal, y dialogando con ellos, no es que te pongan pegas; siempre está el alumno aventajado de la academia que acaba tocándote los ………………

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Gracias a Internet, encontré un segunda serie (faro grande atrás) en muy buen estado. Resultó ser de un enfermero militar del Gómez Ulla de Madrid, el coche estaba prácticamente perfecto, aunque se iba un poco a la derecha al frenar, pero esto era fácilmente solucionable. No llegué a comprarlo por la suma de dos razones: en primer lugar porque no era lo que buscaba (pero no me desagradaba), unido a que me resultaba un poco caro (2.500€) para ser un 956cc.

En ésta búsqueda, también apareció el rey de los erreochos, el Gordini. Su estado era de recién salido del concesionario, pero su precio de auténtica locura (30.000€), así que ni tan siquiera llamé.

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Después de buscar y seguir buscando, encontré un R 12 S muy bonito, “de look Gordini inverso”, me explico: el coche era de color blanco y las rayas blancas del Gordini oficial, se habían realizado aquí en azul, era como una especie de negativo. El coche estaba en Berriozar (Navarra), un pueblo a las afueras de Pamplona, aunque podría considerarse éste como un barrio de la capital foral, así que recluté a Karlonnen y nos hicimos una excursión por tierras navarras. Aproveché la ocasión para quedar con mi amigo Javier Azcona, personaje muy agradable y peculiar (pluricampeón de España de rallys grupo N y ganador de varias copas de promoción), que a su vez era también conocido y amigo del vendedor del 12.

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Una vez allí, procedí a probar “la máquina”, que andaba como un tiro, pero “acojonaba en cada frenada”, ya que en la primera toma de contacto, el coche se cruzó a derechas, con el consiguiente susto. La siguiente frenada, y esperando una reacción similar, el coche se cruzo a izquierdas, con lo que el susto fue mayor, y así fuimos ya de susto en susto en cada frenada, hasta que en una apurada llegando a un estrecho puente, el pedal se hundió hasta el fondo, ¡que susto!, me refiero al que se llevó el dueño del coche que imprudente de él iba sentado a la derecha. Aprovechando que estaba allí, le pregunté por el extraño comportamiento de los frenos, a lo que respondió que él nunca había ido tan rápido con el coche. (Prometo que no superé el 80% de posibilidades de éste, así que si llego a acercarme al límite lo mismo le hubiese dado un infarto).

Al ser solucionable el tema de frenos, acordé con el dueño en pasar una ITV, a lo que éste accedió, pero la casualidad quiso que los sábados en Pamplona la ITV cerrase sus puertas, pero en su enorme explanada se podía probar al límite y con seguridad, así que eso es lo que hice. Esta vez con Karlonnen a la derecha. Todo excepto los frenos parecía correcto, así que negociamos el precio (a la baja claro está, mientras dejábamos el coche en marcha) y cuando cerramos el precio, y me dispuse a comprobar que el número de chasis coincidiera con el de la documentación encontramos el agua hirviendo en el bote de expansión, síntoma inequívoco de un problema de culata. En ese mismo momento le dije al dueño que si arreglaba ambos problemas (frenos y calentamiento) le pagaría la cantidad que pedía inicialmente, a lo que contestó que sí y que me llamaría. No me llamó.

Así que un buen día hablando con mi amigo Carlos y contándole esta experiencia, surgió la siguiente conversación:

Carlos.- ¿Pero que es lo que estás buscando?
Yo.- Un erreocho, de faro pequeño atrás (1ª serie) y cuatro faros delante (look de los primeros TS).
Carlos- ¡Yo tengo uno!
Yo.- Ya, ya lo se, pero el tuyo es de dos faros (pensando yo en un 1ª serie beige que en verdad tenía y que le regaló un vecino)
Carlos.- ¡No, no, es de cuatro faros!
Yo.- ¡Qué no Carlos por Dios, que es de dos!
Carlos.- ¿Pero tú cual dices?
Yo.- El que te regaló tu vecino
Carlos.- ¡No hombre no!, ¡ese no!, el otro.
Yo.- ¿Qué otro?
Carlos.- El que tengo en casa de Miguelito

Y empezó a contarme la historia.

Resulta que un día iba él hacia su casa, y como es un enreda como yo, no pudo evitar quedarse mirando un R-8 que iba subido en una grúa mientras adelantaba a ésta. La casualidad hizo, que conociese al gruero, le pitase, se saludasen e intercambiasen gestos desde el interior de sus vehículos, así que en el primer sitio seguro, ambos pararon y surgió otra conversación de este estilo:

Carlos.- ¿Dónde vas con esa joya?
Gruero.- Pues al desguace
Carlos- ¡Qué, que lo ha “gripao”!, ¿no?
Gruero.-No, no, por viejo, que ya tiene muchos años, el dueño es mayor y ya no lo utilizan.
Carlos.- ¡Pero si está perfecto de chapa!
Gruero.- ¡Y arranca perfectamente! Como veo que tienes interés, si quieres te lo descargo donde digas, total, a mi lo mismo me da llevarlo al desguace que a otro sitio, ¡ya he cobrado el porte!

Y después de un par de llamadas de teléfono de Carlos

Carlos.- Pues sígueme, que tengo un sitio aquí cerca.

Y es así como el coche acabó en casa de Miguelito, con la intención de poco a poco ir acondicionándolo entre ambos, objetivo que nunca se cumplió por múltiples causas, la principal por estar dado de baja definitiva. Así que allí en casa de Miguelito se quedó el coche durante casi una década.

Mi amigo Carlos, me mandó una serie de fotos vía e-mail, y el siguiente capítulo de la historia será la difícil investigación de cómo rehabilitar un vehículo en la España actual.

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EL FIN DEL PRINCIPIO

Noviembre 27th, 2008

El caso es que estas vacaciones, en casa de un amigo, han aparecido dos de las cuatro fotos que existen de lo que he decidido denominar “El Fin del Principio”. Aunque este apartado también tiene su propio principio.

Corrían los primeros años de la década de los 80, yo vivía por aquel entonces en un pueblo de la Sierra Norte de Madrid, y con mi cuadrilla, nos movíamos en motos y ciclomotores por los pueblos de los alrededores. Un día, en uno de esos pueblos cercanos encontramos en un desguace éste magnífico vehículo, un Renault 8 TS y teniendo en cuenta que se acercaban las fiestas del pueblo, y dado que había programada, claro está de forma ilegal, una carrera a la que unos consideraron denominar “Autos Locos”, y otros como AutoCross, al disputarse ésta en el circuito de Moto Cross del pueblo; decidí comprar el coche para tal fin.

No recuerdo si por entonces tan siquiera tenía carné de conducir, el caso es que después de negociar con el dueño del desguace el precio del vehículo (20.000 Pts. de la época), éste, un tal Raimundo, me entrego el coche funcionando no sin antes desproveerle de ambas matrículas, no fuéramos a meterle en algún lío. Así que nos vimos obligados a trasladar hasta nuestro pueblo, mi amigo y yo, el nervioso TS por aquellos caminos de tierra. Eran otros tiempos, y aunque conducir un coche sin carné no resultaba tan caro como hoy si te pillaban (no existían los euros ni el carné por puntos), el circular por carretera con un vehículo sin placas de matrícula era tentar mucho a la suerte.

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La primera toma de contacto, fue impresionante. ¡Cómo andaba el cacharro!, y claro está que en tierra, la velocidad parecía mucho mayor. Por supuesto no ayudaba mucho el tener todo el peso atrás, y al principio íbamos de susto en susto en cada reducción antes de negociar las curvas más cerradas. Creo que de forma innata, y gracias a la experiencia del slot y de los rallys de verdad, que discurrían a menudo por la zona, empecé a balancear el coche antes de cada curva lenta al principio y luego en todas. Por Dios, ¡que poco juicio! y sobre todo que forma de ignorar el peligro; me estoy acordando y se me están poniendo los pelos de punta.

Así, después de varios kilómetros, a la llegada al pueblo, entraba por meta el mismísimo Ari Vatanen (ídolo de la época), con el TS totalmente de costado y dejando tras de sí una gran estela de polvo en suspensión.

Días más tarde tomamos parte en la carrera, que si yo tuviese que definirla lo haría como Destruccion Derby. Tomamos parte: un R-10 (montura del ídolo local, un piloto de motocross llamado Santi y que conocía el circuito como la palma de su mano, y que fue el vencedor de la prueba); nuestro R8, que acabó segundo, gracias a no poner demasiado ímpetu en los saltos y querer conservar el coche para diversiones posteriores (meta que se consiguió sin problemas), un SIMCA 1000 de faros redondos y color verde oliva, que era de un vecino nuestro, el cual compró mi amigo Luis que falleció ya hace unos años y al que le dejó tirado el afán competitivo; un 850 granate que también se rompió y algún que otro coche de la época que dio sus últimos pasos antes de acabar en el desguace.

Después de aquella carrera, para la que se decoró el coche con un par de sprays, seguimos cada fin de semana aprendiendo a ir deprisa por los muchos caminos que del pueblo partían hacia un sin fin de destinos. Pero nuestro favorito era el camino que transcurría paralelo al arroyo (donde se tomaron las dos fotos que hemos recuperado), por ser seguro en cuanto a escapatorias y por estar lo suficientemente alejado de animales, personas y cosas, aunque una enorme piedra camuflada entre la hierba hizo que “vaciásemos los ceniceros” de esta forma tan peculiar. Esto supuso el fin de aquella trepidante aventura y el abandono definitivo de aquel R8.

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